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Los "rojos" de la Casa del Obrero Mundial

 

Por Elsa V. Aguilar Casas
INEHRM

 

I. El pacto

“Los obreros que tomen las armas en el Ejército Constitucionalista y las obreras que presten servicios de atención o curación de heridos, u otros semejantes, llevarán una sola denominación, ya sea que estén organizados en compañías, batallones, regimientos, brigadas o divisiones. Todos tendrán la denominación de ‘rojos’”. Así quedó estipulado en el Pacto firmado entre la Casa del Obrero Mundial y la revolución constitucionalista, que se les llamaría “rojos” a los obreros que participaran en la lucha contra los convencionistas; así se crearon los “batallones rojos”, que adquirieron fama particularmente en las Batallas de Celaya.

¿Qué significaba este pacto? Simple, con la firma de ese documento se establecía una alianza que comprometía a la Casa a aportar voluntarios a la causa constitucionalista, y los carrancistas, por su parte, hacían la promesa de convertir en leyes las demandas de los obreros organizados. Eso fue lo que quedó escrito el 17 de febrero de 1915. En la práctica, lo que sucedió a partir de ese momento fue que los miembros de la Casa estuvieron autorizados para portar armas y comenzaron entrenamientos militares para estar listos a responder al llamado de la guerra.

II. El antes

Para entender por qué la revolución se encontraba en tal situación en esos días de 1915, tendríamos que echar un vistazo a los acontecimientos previos que llevaron al rompimiento de las fuerzas. En agosto de 1914, el Ejército constitucionalista consiguió el objetivo que se había propuesto desde que se formó, es decir, derrocar al gobierno espurio que se instaló en Palacio Nacional. El fin de ese periodo en el que México fue gobernado por el general Victoriano Huerta, quien asumió el poder por la vía de la mentira, la traición y el asesinato, representaba la victoria de los constitucionalistas y el fin de la revolución, pues al acabar con el huertismo se volvía al camino de respeto a la Constitución. Pero la realidad fue otra. Sí, terminaba la lucha contra los traidores, pero a partir de entonces comenzaba una nueva etapa de la revolución, en la que los antiguos compañeros de lucha se verían enfrentados unos a otros.

En ese verano de 1914 ocurrió, pues, la escisión entre los grupos revolucionarios, provocada por las diferencias personales de los generales Francisco Villa y Emiliano Zapata con quien era el líder de la revolución constitucionalista, Venustiano Carranza. A partir de entonces, la lucha se daría entre convencionistas y constitucionalistas.

Todos los intentos por resolver los problemas de forma civilizada entre las distintas facciones se quedaron tan sólo en buenos deseos, pues la situación se volvió insostenible y, al paso de los meses, devino en una lucha encarnizada entre los ejércitos revolucionarios.

A mediados de noviembre, la División del Norte —para entonces todavía el ejército más importante de la revolución— avanzó de forma arrolladora sobre las posiciones del general Pablo González en los límites de Guanajuato con Aguascalientes, poniendo a temblar a los cerca de veinte mil hombres del Ejército del Noreste que González tenía posicionados en los estados de Guanajuato, Querétaro e Hidalgo. Muchos murieron, otros miles salieron huyendo de aquellas zonas.

Ese triunfo resultaba esperanzador para los convencionistas. Parecía avisar que la lucha terminaría pronto, máxime que, mientras ocurría el enfrentamiento armado, don Venustiano y las fuerzas del general Álvaro Obregón habían ido a refugiarse a Veracruz. Es decir, parecía que los llamados convencionistas tenían todas las ventajas para triunfar de forma rápida sobre sus enemigos.

Luego, en los primeros días de diciembre sucedieron otros acontecimientos que abonaron en la idea de que los convencionistas llevaban ventaja sobre sus enemigos: el encuentro de Villa y Zapata en Xochimilco, acompañado de la firma de un pacto que hacía oficial la alianza entre ambos jefes para diseñar el plan de ataque contra la gente de Carranza; un desfile por la Ciudad de México y el arribo a Palacio Nacional, de lo cual quedó, entre otras cosas, aquella famosa fotografía de los dos líderes campesinos en uno de los salones del Palacio.

Si bien esas escenas parecían lanzar el mensaje de que villistas y zapatistas estaban unidos y de que esa unión haría la fuerza para vencer a los carrancistas, la verdad era que la lucha entre las facciones apenas estaba por empezar, pues habían derrotado a González, pero faltaba por incorporarse a ella ese genio de la guerra llamado Álvaro Obregón, quien resultó fundamental para el triunfo del carrancismo.

III. Los Batallones Rojos

Según informe del teniente coronel Ignacio C. Enríquez, quien fue designado por Carranza para adiestrar militarmente a los obreros, apenas 10 días después de la firma del Pacto ya se contaba con 2000 trabajadores acuartelados recibiendo instrucción. La siguiente orden del jefe constitucionalista fue la de formar dos batallones de 600 hombres cada uno.

Mientras tanto, afuera de los cuarteles se hacía labor para sumar gente a la lucha, para combatir a los convencionistas. En el convento de Santa Brígida y en el Colegio Josefino todos los días se celebraban asambleas para animar a los sindicatos a tomar las armas. Era tal el entusiasmo de algunos grupos de obreros por tomar pronto las armas que, según cuenta el general Obregón, “si hubiéramos tenido armas suficientes, habríamos podido armar más de veinticinco mil hombres […]”. Sí, había mucho entusiasmo entre algunos sectores, pero no todos aceptaron enlistarse; algunos dieron un definitivo no a la idea de lanzarse a la lucha armada. Pronto, muy pronto ya se tenía una lista de 7000 mil obreros que formarían los batallones rojos.

El 3 de marzo partieron de la Ciudad de México los primeros 2000 obreros rumbo a Orizaba, Veracruz; tres días después salieron otros 1500 trabajadores. Había gente de varios gremios: del de hilados y tejidos, sastres, canteros, entre otros. No importaba el sector, ni el oficio, lo realmente importante era que la clase obrera se había sumado a la lucha. Las mujeres no se quedaron atrás, pues, como parte del contingente que salió ese mismo día 6, iban unas cuatro decenas de obreras, quienes, vestidas de color rojo y negro, integraban la Brigada Sanitaria Ácrata.

La orden de Carranza fue que los obreros viajaran acompañados de sus familias; unos recibieron alojamiento en Orizaba, otros en Córdoba, en Veracruz o en Jalapa. La concentración más importante ocurrió en Orizaba, donde los batallones obreros recibían adiestramiento e instrucción militar todos los días en la Alameda de Orizaba.

Se crearon seis “Batallones Rojos”, integrados de la siguiente manera: 1er. Batallón, formado por trabajadores de la Federación de Empleados y Obreros de la Maestranza y Fábrica Nacional de Armas; el 2º. Contó con gente de la Federación de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías de México; el 3º. Por obreros de la Federación de Obreros de Hilados y Tejidos, la Unión de Canteros Mexicanos y el Sindicato de Sastres; el 4º. se integró por trabajadores del Sindicato de Tipógrafos, del Sindicato de Carruajes, del Cuerpo Revolucionario de Ferrocarrileros “Palanca Social”, del Sindicato de Pintores y del Sindicato de Carpinteros. Los dos batallones restantes fueron creados con la participación de albañiles, impresores, mecánicos y metalúrgicos.

Eso en cuanto a quiénes eran los miembros de cada batallón, ahora bien, en cuanto a las plazas que había que pelear, los obreros fueron movilizados de la siguiente manera: el primer Batallón iría a Tampico, bajo las órdenes del general González Cuéllar; el segundo, encabezado por el general Emilio Salinas, fue enviado a cubrir la zona comprendida de Huatusco a Teocelo; los Batallones tercero y cuarto quedaron a las órdenes del general Álvaro Obregón, es decir, fueron incorporados al Ejército del Noroeste; los batallones quinto y sexto permanecieron en Veracruz para hacer frente a fuerzas zapatistas y para escoltar el armamento que se iba ganando a Villa. Así fue como se sumaron los obreros a la lucha constitucionalista para combatir a los llamados convencionistas.

Si nos limitamos a destacar los hechos de guerra, de todo ese contingente que se sumó a la lucha es preciso llamar la atención acera del desempeño de los batallones 3 y 4, los que, bajo el mando directo del general Obregón, fueron los encargados de combatir a la División del Norte, comandada ni más ni menos que por el general Villa. Finalmente ocurrió ese choque de trenes, Villa y Obregón se vieron frente a frente, en las llamadas Batallas de Celaya, ocurridas en abril de 1915; ese fue el momento decisivo, pues lo que parecía increíble finalmente se consiguió: vencer a Villa y a su ejército, con lo que los constitucionalistas se colgaron la victoria.

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Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México | Secretaría de Educación Pública • 2013




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